LA CHIQUITA PICONERA.

26/01/2011

Esta pintura es una de las destacadas de Julio Romero de Torres,que podemos ver aquí, en Córdoba en el Museo de Romero de Torres.Hijo del pintor Rafael Romero Barros, director del Museo de Bellas Artes de Córdoba .Esta obra, con la que Romero de Torres firma su testamento pictórico, resume la concepción que el artista tenía de la pintura.Al fondo, un atardecer oscuro bajo éste, Córdoba: Paseo de la Ribera, Guadalquivir, Puente Romano y Torre de la Calahorra.

María Teresa Torres fue la modelo más famosa de Julio Romero de Torres y su imagen estuvo impresa en casi mil millones de los antiguos billetes marrones de 100 pesetas y sellos de 5 pesetas.

Sin embargo, María Teresa López, “La Chiquita piconera” del cuadro más universal del artista cordobés, vive en un asilo, sin dinero y amargada por los recuerdos de una vida ingrata marcada por quienes la acusaron de ser amante del pintor.

“Un verano noté que estaba nervioso. Entonces llegaba hasta mí y me estrujaba tanto que me hacía daño. Yo no me encontraba a gusto a pesar de que todavía era una niña y no sospechaba la razón de esos extraños abrazos. De repente, un día me propuso que me fuese a Madrid y que él me colocaría como modelo fija o de corista en algunas compañías de esas de variedades que tanto gustaban en la época. Como no sabía de lo que me hablaba no le hice caso. Pero empecé a tomarle miedo. Cuando nos quedábamos solos yo temblaba y estaba deseando que llegase alguien de la familia. No sabía por qué, pero no me gustaba…”, cuenta la propia María Teresa.
El acecho real comenzó cuando la muchacha había cumplido ya los 14 años. “Conforme pasaba el tiempo me fui dando cuenta de lo que verdaderamente quería de mí. A partir de ese momento y hasta su muerte, tres años después, casi no pintó a otras porque estaba obsesionado por poseerme. Por eso me pintaba una y otra vez, a ver si había una ocasión y a la fuerza lo conseguía. Cada vez que nos quedábamos solos me atacaba como un loco. Muchos días me rompió los tirantes de la combinación cuando salía corriendo del estudio… No me atreví a decírselo a mi padre para evitar un escándalo, y seguí acudiendo a posar, rezando para que su familia no lo dejase solo conmigo. Afortunadamente creo que su mujer se dio cuenta de algo y siempre estaba al acecho, entrando al estudio con cualquier disculpa y poniéndole a él de mal humor”, continúa narrando María Teresa en sus memorias.

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